Archive for the Huir Category

Fugarse

Posted in Huir on 02/09/2011 by Emma //

A pedido de una silenciosa lectora, vuelve la aventura

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Quisieron volver a la ruta temprano en la mañana, pero no lo lograron. Ella miró la hora, y vio las 11.18. Sobresaltados, se acomodaron en sus asientos y arrancaron. Volvieron unos kilómetros hasta la entrada de 9 de Julio y desayunaron en la YPF del ACA. Compraron galletitas y subieron al auto. Ella pidió manejar, y él, a regañadientes (temiendo por sus vidas) accedió.

Charlaron sobre hasta donde iban a llegar con esta locura, si es que Esquel les quedaba muy lejos. Él revisó los mapas, y cuando iba a sentenciar un destino, ella lo calló, y le dijo que la aventura iba a durar lo que tuviera que durar.

Sin sobresaltos, pero con varios cambios en cuanto a los turnos de manejo, se sucedió el día. Vieron que les era provechoso, ya que al final del día habían hecho 596  km. El pueblito donde les agarró la noche se llamaba La Reforma, y a partir de ahí no había nada en 125 km. Decidieron parar a dormir allí, para continuar por la mañana.

Noche fría y lluviosa. Seiscientos ochenta y dos kilómetros por delante.

Escapar

Posted in Huir on 19/01/2011 by Emma //

Media hora después se acomodó en la butaca, ajustó el cinturón de seguridad y le pidió perdón, aunque en su profundo sueño ella no lo escuchó. Eran las 7 de la tarde y poco faltaba para anochecer. Miró el mapa y se propuso llegar hasta 9 de Julio, a casi 110km de donde estaban.

A poco de haberse reincorporado a la ruta, ella despertó producto de un pozo que él no pudo esquivar. Ambos insultaron, uno a si mismo, otra a su compañero. Él reiteró su pedido de disculpas por lo sucedido anteriormente y le comentó sus planes para pasar la noche. Ella puso música para amenizar el habitáculo, preguntó cuanto faltaba y le besó la mejilla

Llegados a destino, se metieron por un camino de tierra, detuvieron la marcha y apagaron las luces. Él prendió su celular, llamó a la hermana y le avisó que no iba a cenar, puesto que estaba muy lejos de casa. Cortó y apagó el aparato.

Bajaron del auto, estiraron las piernas y cenaron esas milanesitas que tenían guardadas en la conservadora. Un piedra, papel o tijera decidió que ella dormiría en el asiento trasero, mientras él se conformaba con el lugar que la muchacha había ocupado todo el día.

Oscuridad en pleno campo y un parcial de 271 kilómetros.

Continuará

Desaparecer

Posted in Huir on 18/01/2011 by Emma //

Tenían miedo, pero ya era tarde para desistir. Ella vio una estación de servicio, consultó cuanto gasoil tenían y pararon. Él aprovechó para mostrarle lo que había en el baúl, todo de a pares: vajilla, colchonetas, toallones. Había también una carpa, una garrafa y un cajoncito con herramientas.

Vieron en conjunto los mapas y fijaron por qué ruta ir. Iba a ser difícil llegar a Esquel, así que volvieron al camino. Ya se sentían prófugos, pero no habían pasado ni 2 horas desde su partida. Decidieron hacer el viaje de a tandas, dado que solo él manejaba. Ella se dedicó a buscar puntos donde parar. Se los nombraba y él descartaba, por cercanía o por ser lugares muy poblados. Discutieron por primera vez, a 118 km de haber salido. Ella hizo un bollo con su buzo y se durmió. A él se le escapó una lágrima; acababan de empezar su aventura y ya tenían problemas.

Pasó Chivilcoy, puso balizas y paró. Se sentó al costado del auto y descansó.

Continuará

Huir

Posted in Huir on 14/01/2011 by Emma //

Durante meses planearon hasta el más mínimo detalle. De a poquito y con mucho disimulo fueron vaciando sus cajones, almacenando la ropa en la casa de un amigo. Cuando solo les quedó el cepillo de dientes y algún peine, comenzaron su aventura. Ella salió de su casa, entre asustada y excitada por lo que iba a hacer. Caminó por la avenida hasta la parada de colectivos. Esperó 10, 15, 25 minutos. Le mandó un sms: estoy retrasada.

Él saludó a su familia. Dijo que iba para lo de A. y se fue. Nadie sospechó nada. Llegó a destino y cargó los bolsos, atiborrados de esas cosas que sabía iban a necesitar y se dispuso a esperar. Charló con el dueño de casa, revisó los mapas y trazó una breve hoja de ruta.

Timbre. Era ella. Se sentaron los tres en el comedor. A. les rogó que tuvieran cuidado, y que si pasaba algo, lo llamaran, a cualquier hora.

Se despidieron, agradecidos por el aguante de su amigo, y partieron. En el primer semáforo rojo, se agarraron de la mano y juraron permanecer juntos hasta que la aventura terminase.

Guiño a la derecha, odómetro en cero, y un viaje que comienza.

Continuará