Fugarse

A pedido de una silenciosa lectora, vuelve la aventura

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Quisieron volver a la ruta temprano en la mañana, pero no lo lograron. Ella miró la hora, y vio las 11.18. Sobresaltados, se acomodaron en sus asientos y arrancaron. Volvieron unos kilómetros hasta la entrada de 9 de Julio y desayunaron en la YPF del ACA. Compraron galletitas y subieron al auto. Ella pidió manejar, y él, a regañadientes (temiendo por sus vidas) accedió.

Charlaron sobre hasta donde iban a llegar con esta locura, si es que Esquel les quedaba muy lejos. Él revisó los mapas, y cuando iba a sentenciar un destino, ella lo calló, y le dijo que la aventura iba a durar lo que tuviera que durar.

Sin sobresaltos, pero con varios cambios en cuanto a los turnos de manejo, se sucedió el día. Vieron que les era provechoso, ya que al final del día habían hecho 596  km. El pueblito donde les agarró la noche se llamaba La Reforma, y a partir de ahí no había nada en 125 km. Decidieron parar a dormir allí, para continuar por la mañana.

Noche fría y lluviosa. Seiscientos ochenta y dos kilómetros por delante.

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