Hunter

Claramente lo que pasaba con Lucía no funcionó, así que de un día para el otro me alejé por completo. Igual sigo sufriendo sus llamadas y mensajes de texto del tipo testamento, suplicando que volvamos a salir (jamás me pasó eso, jamás). Ojo, la muchacha también los mecha con sms en los que me pide no vernos más, así que muy clara no me queda la cosa. Menos mal que me saqué de encima ese quilombo. Uno de mis amigos la compara con una balanza, oscilando entre el amor y el odio. Que se yo, por mi que el odio pese 18 kilos (?)

Mientras tanto, aquella con la que una vez salí (y nada pasó) me estuvo mensajeando el domingo a la noche. Telepatía o qué, pero esa misma tarde había estado pensando en ella, creo, porque es un garche fácil. Ya en algún domingo aburrido la contactaré para tomar un café. 

Y por último, pero no por eso menos importante, queda Sofía, mi cumpa de clase devenida en amiga. Las 3 palabras finales de la oración anterior sentencian la situación, ya que no da perder la amistad que se generó por una calentura, ¿no? Sumado a que tiene un amigo que le gusta… En fin, no.

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Pecadores, un servidor vuelve al ruedo, prometiendo escribirles más seguido, ahora que tiene tiempo

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