Todo puede fallar

Mis planes incluídos, por enésima vez. Hace una semana tomaba mates en su casa. Hoy le tocaba venir a la mía, para repetir la merienda. Se subía al 63, la iba a buscar a la parada y seguíamos hasta L’epi a comprar LAS facturas. Pero no, claro. En la vida de un servidor nada es color de rosas, y como era de esperar, no viene. Alegó baja de presión, y preferencia por quedarse en casa.

Y acá estoy yo, afeitado (hacía como un mes que no me tocaba), bien limpito y con una tarde en soledad.

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