Subte B

Subió en Los Incas y logró sentarse, en diagonal a mi posición. Llevaba su pelo largo suelto. Sacó unos apuntes y se dispuso a estudiar, pero llegando a Tronador, largó todo y se calzó el MP3. En el mío, sonaba Keep holding on, by Glee. Con un lápiz se trabó el improvisado rodete, que permitía admirar su cara redonda. Se parecía mucho a una amiga de Guido, pero claramente no era. Llegamos a Malabia, mi estación, y en un abrir y cerrar de puertas, perdí su rastro.

Qué feos son los enamoramientos en medios de transporte, ¿no?

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