Amigos

Imaginate la situación:

Jardín de infantes. Veinte ratitas de 90 cm de alto, emperifollados en sus guardapolvos azules y rosas. Entre todos estos crios, sobresalía un grupito de violentos. Cuatro-cinco años y puteaban a más no poder. Y pegaban de la misma forma. Nicolás, Ezequiel y Melanie. ¿Cuántas veces me habrán cascado esos subnormales? Muchísimas, seguro. A mi y a los que podría llamar mis amiguitos de entonces. Hoy, el primero, se cree mil por manejar una motito ruidosa.  Del segundo no se nada, y ella, cuando yo estaba en 6º grado cursaba 3º por cuarta vez.

Esos que fueron mis compañeritos más buena onda se perdieron con el tiempo (léase de preescolar a 1º grado). Los veo por el barrio, sí, pero no los conozco. Ni ellos a mi, claro.

Misma situación con la mitad de la primaria, esta vez sin golpes. Se perdió la ¿amistad? cuando cambié de escuela, allá por 2002. Me reencontré con dos chicas en el secundario, pero al estar en otra división, fue lo mismo que nada.

Diez años, cambio de cole, cambio de compas. Me tocó un grupo medianamente armado, que se resistía a integrar a los nuevos (7 en total). Terminado 7º grado, vi a un par por la calle y nunca más.

Y el secundario, la mejor etapa de la vida, según una profesora de Matemática, fue bastante parecida. Hoy almorcé con Nico y Naza y saludé a Alan y a Ro.

Compañeros un montón. Con 4 amigos me alcanza.

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