Martes

Llegó el martes, y cercano a las 12, salí para el colegio. De camino, cruzamos sms para ver donde nos encontrábamos. Mientras yo iba hacia allá, ella abría la puerta de su casa, así que ya pronosticaba demora. Pero no tanta. Cuarenta y cinco minutos después la veía venir por la avenida, riéndose y disculpándose por el retraso.
Entramos, pedimos los títulos y al salir, coincidimos con el fin de la séptima hora, por ende, mucha gente saliendo, y preceptor en puerta. Nos quedamos hablando con él un buen rato, ya que lo tuvimos el año pasado en su rol de celador. Veinte minutos perdidos más tarde, enfilábamos rumbo al Mc. Durante la comida hablamos del estudio, las amistades, el amor; en fin, temas universalmente estipulados para estas ocasiones.
Terminado el almuerzo, la acompañé hasta donde nuestros rumbos se desviaban; le devolví su título, tomé el 44 y vi como se alejaba, caminando.
Fue en ese momento que noté el amor inexistente, obviamente de su parte. Somos amigos, y ni una pizca de algo más. Así que como siempre le pasa a este pecador, hoy también tocó dar marcha atrás.

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